Dicen que las señales llegan cuando estamos listos para verlas.
Durante años, en mi jardín, revoloteaba una libélula roja. Cada verano, cuando abría la piscina, yo esperaba un encuentro especial. No buscaba tesoros ni estrellas fugaces: ansiaba ver de nuevo a la libélula roja revoloteando feliz sobre las aguas. “El jardín de la libélula” fue mi primer blog fruto de la fuerza de esta conexión.
Cuando aparecía de nuevo, cual hada divina, verla era una señal clara y contundente de conexión, como si el universo entero dijera:
“Aquí estoy ahora contigo. Confianza plena, amor sincero. Somos una”.
Yo la miraba embriagada, como quien observa a su guardiana protectora o hada madrina. Era siempre señal de alegría y conexión, un condicionamiento mental que había afianzado con los años, una presencia discreta que me recordaba conectarme con el momento presente, algo para lo que necesitaba ayuda, dadas las múltiples distracciones mentales.
Este verano, mientras meditaba en el agua, disfrutando de un espacio de conexión y disfrute, me descubrí pensando:
«Cuando mi confianza sea plena, la libélula se posará en mis manos.»
Y entonces ocurrió el milagro. Pensé que este instante presente, ahora es el momento perfecto para sentir certeza, porque así lo sentía. El tiempo se detuvo para abrazar este espacio seguro de conexión y magia.
Abrí mis manos en posición de namasté, con los pies firmes en la tierra y el corazón abierto. La libélula, lenta y decidida, se acercó hasta mí… y se posó, suave, en la punta de mi dedo corazón.
No fue un instante fugaz. Durante más de una hora me acompañó.
Iba y venía, me protegía de las avispas, volvía a posarse siempre en el mismo lugar, como si quisiera enseñarme un secreto.
Y lo entendí:
—“El corazón es la llave. Aquí está tu certeza. Ya no es mañana, es ahora.”
La libélula nos recuerda que cada gesto pequeño puede ser muy poderoso, que lo frágil puede ser fuerte y que cada vida guarda dentro la transformación brillante, esperando desplegar sus alas.
Después de muchos años de condicionamiento mental, la libélula roja para mí no es sólo un insecto hermoso, sino un mensaje divino que trae certeza, esperanza y magia
La libélula roja me regaló un diálogo silencioso:
—“¿Quién eres?” pregunté.
—“Soy dios”, me respondió con el aleteo de sus alas brillantes.
Ese día comprendí que mi intuición no era un sueño ni una promesa futura, sino una realidad viva. La libélula roja es símbolo y espejo de transformación, de la confianza que despierta cuando nos dejamos sostener por lo invisible.
Y así aprendí que la confianza crece cuando la cultivas y si tienes suficiente fé, antes o después, se torna plena. Aprende a confiar en tus deseos, porque cuando son honestos y verdaderos, encontrarán la manera de volar.
✨ Este cuento real es también para ti.
Cada vez que la vida te pida confianza, piensa en la libélula como un recordatorio de tu propia naturaleza sagrada:
Ella recuerda que los cambios son posibles.
Que tu intuición es acción.
Que lo divino te habla en el presente, no en el futuro.
Que tienes el poder de crear.
Y cuando veas una libélula, sea real o en tus pensamientos, toma un respiro profundo y repite para ti:
🌸 “Confianza plena, amor sincero. El corazón es la llave. Todo está aquí, ahora.” 🌸
¿Qué es lo que quieres? Medita tu respuesta, date un respiro, tienes el poder de elegir.
