CUENTO de nacimiento: La voz de BEBÉ

Había una mujer luminosa, caminando despacito hacia el umbral del nacimiento. En su vientre, un pequeño ser aguardaba con calma, sostenido por un pulso antiguo y eterno: LA MADRE, esa Presencia mayor que envuelve a todas las madres y a todos los hijos.

En el silencio de una noche cualquiera, la madre suspiró:
—Tengo miedo.

Y desde lo profundo, como un eco suave, una voz tierna se encendió dentro de ella:
—Soy yo, mamá. Soy BEBÉ. Estoy aquí contigo. Sé que me amas, yo vivo en tus entrañas. Siento tus miedos, respiro con ellos y te digo: no estás sola. Confía en mí, confía en nuestra unidad.

La madre acarició su vientre, con lágrimas de emoción:
—Me asusta el camino, no sé si seré capaz.

Y BEBÉ respondió, con una certeza cristalina:
—Es necesario transitar el miedo, mamá. El miedo es la puerta que se abre para que la confianza pueda salir. Yo estoy contigo, y conmigo, una presencia luminosa nos arropa. ¿La sientes? Es LA MADRE. Ella nos guía, nos sostiene, nos mece.

La mujer cerró los ojos y respiró profundamente hasta que perdió la noción del tiempo y, de pronto, en su interior apareció una imagen: una estela brillante, un manto blanco sembrado de estrellas, como si el universo entero la estuviera rodeando con su pureza.

—Visualiza esta luz —dijo BEBÉ—. Cada vez que una contracción te sorprenda, cada vez que el dolor te toque, vuelve a esta imagen e inspírala. Haz espacio dentro de ti y recuerda: estamos más cerca de mirarnos a los ojos, de tocarnos la piel, de que me recibas en tus brazos como tu hijo nacido en esta Tierra.

La madre sonrió, relajando su cuerpo y el miedo se volvió más pequeño.

BE-BÉ, con infinita ternura, susurró de nuevo:
—Mamá, confía. Somos el equipo perfecto, guiados por LA MADRE, que es pura luz, pureza y belleza. Déjate amar. Déjate sostener. Cuando respiras profundo, no solo me das vida a mí: también invitas a LA MADRE a entrar en ti, a abrirte, a recordarte que ella es sólo AMOR.

Entonces, BEBÉ le pidió un regalo, una promesa sencilla:
—Cada día, al despertar, y cada noche antes de dormir, recita esta frase. Y cuando las contracciones lleguen con fuerza, repítela como un mantra. Esta es nuestra verdad, mamá:

✨ “LA MADRE es sólo AMOR y, por ende, eso es lo que soy yo.” ✨

Y así, la mujer supo que no estaba sola, que su hijo la sostenía desde dentro y que una Presencia infinita la abrazaba desde fuera.
Y así, pudo entregarse confiada al misterio sagrado del nacimiento.

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